jueves, 25 de mayo de 2017

Nuevo poemario Quebrantos de Luis Antonio González Pérez



Les presento y dejo a su lectura generosa mi nuevo poemario "Quebrantos". 21 poemas escritos entre el 19 y el 23 de mayo, como exorcismo literario, como fórmula artística, más o menos acertada, de alejar los fantasmas y universalizarlos, como tabla de salvación ante el naufragio vital. 

Lo dejo gratuito para que lo disfruten o lo sufran, según su medida, como agradecimiento a la compañía en este camino tortuoso y laberíntico.

Agradecer a Ana Lília Martín Rodríguez por cederme amablemente el grabado que ocupa la portada. Esa mirada que me ha vigilado en la madrugada creativa y el lamento cautivo de mi despacho.

(Descargar el libro aquí)

sábado, 6 de junio de 2015

Trasmallos, de Santiago GIl; un trabajo poético de fondo




Que Santiago Gil no es un poeta casual es algo que ya muchos sabíamos y se denota perfectamente en este fantástico poemario. Él mismo se definía “antes poeta que escritor” en alguna ocasión con un vino como excusa en una de sus visitas a Madrid por el barrio de Lavapiés. Un vate certero y clarividente, trascendente y de fondo. De peso como gusta decir a muchos críticos.


El libro que hoy nos centra, “Trasmallos”, se confiesa hasta en su propio título como una obra de taller, de dedicación diaria, de madrugada. Trasmallos, para aquellos lejanos al mar y que desconozcan su definición, es un conjunto de tres capas de redes que los pescadores dedican a la pesca de fondo y arrastre. Sin duda un nombre perfectamente elegido para esta obra.

Ya en el prólogo introductorio de otro grande de la poesía isleña, José Miguel Junco Ezquerra, se introduce la idea de “recurrencia al pasado, cantera de recuerdos desde donde extraer la necesaria explicación del tiempo presente” acompañada de “lo que fuimos como base esencial de lo que somos y presumiblemente seremos”. Así nos imaginamos a Santiago Gil con su trasmallo arrastrando el fondo de su memoria y de su alma, para llegado a la orilla, seleccionar la esencia, el germen, la materia prima de sí mismo, y transformarla en alimento de su presente y motor de su futuro. Un trabajo arduo, de cierto aquelarre existencial, quizás de cierto proceso iniciático, por aquello de la muerte del pasado y resurrección en el presente, batiendo contra la mar sus redes y buscando  lo que ha de quedar, y nunca debió esperar en el fondo.

Pero entremos de lleno en el poemario. El primero de los poemas, “Caricias”, es fiel reflejo del discurso poético y esencial de la obra.

El tacto de la piel que amamos 
jamás se lo llevará por delante el alzheimer.

El poeta reniega de la retórica o de las fórmulas barrocas para lanzarnos a la imaginación representación fiel de la escena poética. Recuerda quizás aquella conversación en la que el poeta, ya anciano y enfermo, dice a su compañera “no sé quién eres, pero sé que te he amado mucho”. El poeta no se ancla en el sentimiento, sino en la memoria eterna de su representación sensorial. En la expresión carnal vivida en plenitud y sin un fin más allá que la ruptura del tiempo y el espacio, pues es eso, a fin de cuentas, el amor y la poesía. En versos del propio poeta.

 … nos queda algo de revolución.

Santiago Gil vuelve al recuerdo, a aquellos pedazos de historias personales, a todo aquello que arrastra en el trasmallo y no es alimento, pero si parte fundamental de su historia, sus tesoros.

 Una colección de piedras y caracolas marinas,
muchas fotos con más de veinte años

Pero no se queda en el recuerdo y canta a la vida como “una insaciable perplejidad” en el poema “La Fiesta”, casi una declaración de intenciones pero sin aspiración de filosofía, sino de experiencia vivida y aprendizaje en los pequeños detalles de la rutina humana.

 Vivir es jugar al escondite contra uno mismo,
disparar todos los días a la ruleta rusa del azar,
gozar nirvanas, cavar fosas,

El poeta se sincera. No pretende esconder el fantástico elixir agridulce de la vida, que entrega sin complejos, desde la vivencia íntima, con la generosidad de un padre o un amigo.

Como isleño, teniendo el mar como gran padre, como referencia, como compañero vital, sin sensación de cárcel o aislamiento, nos dice.

Este mar triste de otoño en primavera,
una avenida que atardece mojada por la lluvia,
bufandas que ya estaban olvidadas en los cajones,

Toma el mar como paleta sensorial, como atrezzo sentimental para el poema. Se reconoce en cada imagen el llanto del momento, la explicación gris, de “domingos aburridos e interminables”. El mar acompaña mientras el amor se aleja, aunque espera no sea futuro la imagen que vive para ninguno de los dos.

Vuelve al mar, como ya nos adelantaba el prologuista, a personificarse con la claridad y sinceridad de los versos de Dámaso Alonso, recorriendo la modernidad del éxito; pero con la misma desazón y turbiedad de Gil de Biedma.
                              
Y regresas a casa, tambaleante y turbio
manchado con el sexo sucio de la madrugada,
vuelves como esos barcos oxidados y tristes

Santiago Gil recurre con asiduidad a los mismos escenarios pero se descuelga en su poema “Matemáticas” con una composición meta poética. Nos habla del poema, de su composición, volviendo nuevamente a huir de lo platónico y retórico de este tipo de versos, y describiendo con dirección unívoca y brillante el proceso creativo.
                              
El poema lo escribes cuando no estás escribiendo.
Después puedes hablar de inspiración,

Para confesarnos.

Ya todo lo habías escrito mucho antes.

El poema visto como consecuencia, como resultado de la experiencia y la reflexión macerada. No como un “fogonazo casi milagro” en palabras del propio autor. El poema como expresión última de lo vivido, como conclusión en busca de la trascendencia o universalidad del sentimiento.

Y casi en el centro del libro, el poema que da título al mismo. Una genialidad destacable del poeta, en el que recoge la idea de trasmallo para decirnos, y creo que en este caso merece que lo cite completo.

El mar lo va arrastrando todo,
lo que somos y lo que éramos.
En las orillas recogemos siempre las miradas.
Los trasmallos no solo atrapan peces luminosos.

Recurre luego, en el poema “Preludios” a una idea que a muchos poetas nos asusta, aunque hayamos tardado años en descubrirla. El poema como vislumbre de lo que tiene que suceder, como clarividencia, o como sencilla evidencia clarificada de la realidad del alma y la mente, cuando la marea revuelta y de fondo no permite traslucirlo todo.
               
Son los versos los que avisan de las lluvias.
Como los huesos desgastados,
como los pájaros que enmudecen.

El poeta se confiesa, como decíamos al inicio, poeta antes que escritor o narrador. Y así parece decirlo en su poema “Regresos” donde nos habla de la inevitable vuelta al poema, para continuar en “Escribientes” con una daga elegante hacia los otros, pues “otros fingen. Tú escribes”.

Pero vuelven las borrascas a las páginas de “Trasmallos”.

La lluvia acerca los océanos
y va recogiendo la sal de las lágrimas
en todas las desembocaduras del alma.
No hay borrasca que no descargue ausencias.

Vuelve al mar para elevarlo a la esencia de Luz Primordial o materia prima. Del mar se carga el cielo y de este se descarga la ausencia. Un círculo creacional del paisaje en torno a la vida y al propio poema. Una transfiguración de ese mar de otoño en primavera antes mentado, en un cielo de borrasca.  En ese mismo tono gris pero ya tornado a supervivencia, a observación del exorcismo pasado, el poeta reflexiona y nos dice.

No reniegues nunca de tu sombra

Para dejar como sentencia.

El cuerpo nunca se proyecta más allá de la carne.
En cada sombra hay un esbozo de tu propia alma.

El poeta recurre no sólo a la imagen isleña, sino también a vocablos y sentimientos propiamente insulares. Así lo hace en su poema titulado “Magua” para definirla con acierto en las sencillas imágenes del tedio y la rutina.

Así continua Santiago Gil con una serenidad reflexiva y poética. Desde los primeros poemas cargados de desazón, duelo y cierta búsqueda circular tras la pérdida y el desconcierto, vuelve a la serenidad reflexiva. No circunda ya los escenarios. Centra la imagen, la sitúa en el atril del presente, ni en el altar ni en el barro, y melodiosamente la desgrana. Ejemplo fantástico de esta nueva postura es el poema “Remansos”, así como “Pompas”.

En “Hotel California” nos descubre uno de las composiciones más sencillas y especiales del libro. Distancia entre lo que ocurre en el mundo y lo que ocurre al tú poético. Pero es en sí una misma vivencia. Fuera siguen los sueños, como muchas veces en meditación interior el artista reconoce en quienes les rodean o a quienes observa. Todo camina conforme la naturaleza obliga, “unos jóvenes músicos rockeros que todavía sueñan” nos dice Santiago Gil. Pero en el interior, en la profundidad, en la lejanía de ese tiempo de sueños, ilusiones y futuro idealizado, el tú poético es avisado. El poeta no existe en el poema sino por la profecía. Por la observación del mundo que camina como debe, y la observación del evento natural transfigurado en el sentimiento de a quien se dirige. El poeta ya no referencia el yo, ni se centra en lo que sucede en él, sino que comienza a leer lo que le circunda. Y si acaso se refiriera a él mismo, lo toma con la sana distancia del impersonal. Sana pues ese espacio entre el autor y el poema, entre lo que hace y lo que siente, entre la descriptiva de lo que observa y lo que sucede, es sin duda, una postura sólida de reflexión y avance.

Este libro de Santiago Gil, “Trasmallos”, tan acertadamente publicado por “La Discreta” nos trae a la memoria ese poema de José Manuel Caballero Bonald “Guárdate de Leteo”, que en su final sentencia.

… ese recuerdo que defenderé,
que me defenderá
contra la sordidez de la virtud.

O un derrotado Ángel González que descubre al fin lo que ha dejado atrás emprendiendo el viaje natural hacia adelante.

Atrás quedaron los escombros:
humeantes pedazos de tu casa,
veranos incendiados, sangre seca
sobre la que se ceba —último buitre— 
el viento.

Un libro esencial y referencial de la obra de Santiago Gil, que nos descubre a un escritor, ante todo poeta, que se vuelve a entregar al lector con la humildad, certeza, delicadeza y brillantez como pocos autores. 

Un trabajo ejemplar, como ya indicamos al principio, nada casual, que resulta de la permanente creación como resultado de la reflexión y observancia, con la sana intención de amar la palabra y el silencio, y trascender a través de estos a la universalidad de las almas imperecederas. 

Desde la experiencia, pero no sólo por la experiencia, sino por la grandiosidad aprendida en ella. Desde el silencio, pero no por la elevada atalaya de la observancia, sino por la universalidad de los detalles con los que entender el mundo, y a través de este a uno mismo. Desde el pasado, pero no por derrotarse en la propia derrota, sino para recoger amarras, despedir el puerto y lanzarse al mar con maestría. Desde la rutina del trasmallo, pero no para quedarse en el arrastre pesado de las figuras y decoros, sino para crecer en el poema con aquello que en esencia es, y en alimento transforma. 

Bienvenidos y bienhallados en la orilla de Santiago Gil, donde en la arena, sencillamente y sin pretensiones, nos habla, como un murmullo de oleaje, a veces otoñal a veces bravío, en tiempos de mar de fondo, de sus Trasmallos.

jueves, 4 de junio de 2015

Fe Debida de Sabas Martín



Sabas Martín entrega hoy al público lector su “Fe Debida; Antología poética 1978-2011” y en el propio libro, en su texto introductorio, nos presenta su ser poeta: “yo estoy con esos poetas que pretenden abrir sendas e inaugurar mundos; que exploran, transitan y acuden a nuevos horizontes por alcanzar”. Este extenso volumen es fiel reflejo de esa pasión y entrega del autor por el atrevimiento y la diversión, incluso, de la búsqueda constante de algo más y algo nuevo. En cada libro descubrimos un autor que no sigue lo que su generación dicta, ni lo que sus contemporáneos imprimen. Intenta caminar en una personal batalla contra la rutina, la aceptación o el conformismo.

He de advertir antes que nada, que creo evidentemente innecesario hacer recorrido biográfico o de méritos y premios sobre Sabas Martín, pues lo que nos mueve hoy es la poesía, y por ella misma se define, presenta y defiende. Ahorraré por tanto el tiempo dedicado a lo que para muchos es conocido, para mí es absolutamente admirable, y para el resto fácilmente localizable por un sinfín de medios.

Nos adentramos por tanto en la obra y comenzaremos con la selección del libro titulado “Títere sin cabeza”. Sin duda nos llama la atención y se nos quedará en la memoria aunque avancemos en el libro el poema “Sabas Martín, natural de una tierra”. Una definición del autor al tiempo que declaración de intenciones temprana, temas ambos que se repetirán alguna que otra vez a lo largo de su obra.

Con el debido respeto y sin ánimo de ofender EXPONGO (dos puntos)
a)      QUE soy feliz cuando me detengo, miro al mundo y aun sonrío.
b)      QUE soy consciente de mis limitaciones.
c)       QUE me callo a tiempo y escucho.
d)      QUE intento conocerme a mí mismo.
e)      QUE contemplo largamente el sol, las nubes y los pájaros en el cielo.
f)       QUE no exijo nada a cambio
g)      QUE no vivo deprisa
Para no morir demasiados antes.
      OTROSÍ: h) QUE bienaventurada la imaginación.

El poeta se descuelga con esta brillantez de lo sencillo y directo, de la confesión certera de sí mismo, sin pudor, pero tampoco pretensiones. Sin duda es este un poema genialmente diferenciado del resto de libro.





Son los otros poemas seleccionados de esta obra, una muestra de una reflexión honda del poeta y con una composición diversa. Juega con el espacio de la página, con la palabra, con imágenes imposibles y con la variabilidad de la lectura, porque en su caso, la ausencia de puntuación en el verso es una oportunidad de multiplicidad de significado e intención, y no un entorpecimiento para el lector. Destacaremos entre ellos la capacidad de sentencia o profundidad en sus versos como el cierre del poema “A modo de epílogo y vuelta a empezar?”.

                y si yo te dijera que el presente es
solamente
                solamente
                               solamente
un realquilado de la espera.

Pasan casi diez años rápidamente en una página del libro, y nos encontramos con “Indiana Sones” en 1987. Un libro donde la música de jazz, el cine, sus personajes toma fuerza y matiz, razón o excusa para exquisitas composiciones. El poeta retoma su gusto por los finales potentes y hondos de los poemas, por la sentencia que queda tras el cierre de las páginas. Por aquella universalidad versada que al lector le permanece días, tras haberse encontrado con ella.

esta civilización es apenas,
                un inaudito hongo en guardia
                un botón de flor fúnebre
y mentirosas tarjetas postales mientras tanto

Muy destacable el poema “Los minutos contados” donde Sábas Martín define el tiempo con potentes imágenes que mezclan la belleza con el desgarro. Un tiempo que puede ser mar, música, o futuro. Incluso un tiempo que puede ser:

la verdad de nuestro tiempo
que solo seis minutos tarda un misil
en dejar de ser peligro en ciernes
y cernirse
                para abatirnos
y despojarnos la vida
                               calavera en vilo
con los minutos contados
                               como sabemos.

Cruzamos la última página de la selección de este libro, y recorremos toda una década de poesía en “Peligro Intacto”. Nos encontramos con un poemario rico en ritmo. A pesar de la ausencia deliberada de puntuación, constante en la obra poética del autor, los versos cuentan con sus propios golpes de voz marcados y su melodía interna perfectamente definida. No importa si se presentan directos o con encabalgamiento, compuestos en verso o en prosa poética. Parece el autor tenerlo grabado en el oído. Juega de manera aparentemente decidida, se nos antoja, con palabras esdrújulas y agudas. Puede ser tan sólo un descubrimiento desacertado de quien les habla, pero parece una recurrencia en muchos de los poemas seleccionados de esta obra.

Motín hacia fierezas que germinen
dulce tajo de viento
si no es pérdida ni hora sumisa el lenguaje
si arde a zarpazos recientísimos.

Cesen los alegatos sin vértigo
Y el instinto de la súplica y la gramática pasiva

La musicalidad y un cierto ritmo de dificultosa lectura maridan consonantemente con una colección enriquecida de imágenes poéticas. Han quedado atrás las imágenes de cierta modernidad urbana o industrial, también las referencias a música o cine, para tomar fuerza las referencias isleñas (mar, drago, etc.) y convertir, dentro de un discurso más personal, con deguste de la palabra y la sonoridad, en composiciones como ecos sonoros o murmullos perennes. Destacamos así el poema que da nombre al libro del que leemos un breve extracto.

Ningún calor, pálpito urgente,
vestigio que roce o apacigüe.
ni palabra a tientas para mansamente invadir
y anegar
la estéril duración del cuerpo.

“Navegaciones al margen” es la siguiente obra incluida en la presente antología, fechada en 1994. Quizás el libro más diverso en formas con prosa poética o poesía en prosa, haikus y otras composiciones. Se descubre en éste un poeta más cercano al mar y al origen geográfico, pero sin que esto debilite de alguna forma el mensaje de universalidad y la lúcida reflexión. Toma importancia la mirada, el lenguaje costero, y un eco de modernidad con la referencia a la televisión, el automóvil o la radio en las composiciones de inspiración oriental.

Haiku del automóvil
Giran ruedas y volante
sentado
el movimiento.

Pasarán dos años hasta que aparezca “Mar de fondo”  que retoma la imagen originaria a modo de breves definiciones o reflexiones del recuerdo poético de la tierra isleña. Así recorre el poeta en su personal reencuentro con el paisaje: Obsidiana, tagoror, Garoé, altaha, sangre de drago. Toman en sí forma, personificación del sentimiento y el latir del poeta, al tiempo que se explican a sí mismo como horizonte común y memoria del autor. Sabas Martín, como muchos otros poetas, toma al mar como un espíritu sempiterno y mutable, capaz de formar parte del atrezzo de cualquier representación poética del estado, verbo y silencio del poeta.

Las olas demoradas devoran
                                                               la presencia
una sombra gastada sin rastro
prevalecerá
                               en vano
la desnudez
                               ciñe sella
el desafío del espejo.

Llegado el nuevo milenio Sabas Martín retoma un concepto poético omnipresente y de una gran potencia creativa “el nombre” en su obra “Cuánto necesaria”.

EN LOS LIMITES DE TU NOMBRE
Me aguardas
Igual que la noche aguarda el día,
Igual que desea el mar al horizonte.

Para tras unos años volver al lector con “La Luz del Silencio” con una colección de prosas poéticas o poemas en prosa de gran riqueza. Destaca en estas páginas un cierto eco o rumor perfectamente compuesto entre las enumeraciones y el juego de las palabras. Una especie de marea baja, cuasi calma, que mide el ritmo, cual oleaje, entre sus líneas. Pocas veces quien les habla tiene tanta certeza en un texto en prosa, de estar frente a un claro poema.

Solo una quebradiza verticalidad, los jirones blancos, un fulgor inmóvil.
Aquí la luz es fuego, el cielo incendio, hermosa y desolada soledad el silencio.

Posteriormente abriremos “La Espiral”, poemario compuesto en 2006, donde Sabas Martín nos permite el fantástico placer de degustar su peculiar visión del mar, la isla, y la condición insular del poeta. No teme usar la fórmula de la oda, ni de la extensión amplia de sus composiciones. El poeta se conoce y reconoce, se define, se confiesa y se absuelve entre sus versos. Vuelve a tomar el mar a veces como excusa para reflexiones más universales, sin dejar de ser el mar en sí una figura universal por propio mérito. Destacaré un fragmento del primero de los poemas seleccionados.

La vida es carcoma de extrañeza
y yo me reconozco isla extraña
desconociéndome
ajena urdimbre
que me vive tan remoto,
tan transido al descubierto
y vulnerablemente
aguamargo.

Más recientes son los dos últimos libros incluidos en la antología “Sendas del Mirador” y “Ojos del Calendario” que se nos antojan ambos, uno por propia definición del autor, y el segundo por gusto de este presentador, cuadernos de viajes. Breves anotaciones poéticas, casi a modo de Haiku, por aquello de la trascendencia filosófica sobre la breve imagen natural. Delicadas composiciones de gran belleza que dejan ese regusto posterior a su lectura como un bocado breve pero intenso de poesía.
Cascada
(La fortuna)

Abismo de agua
en cola de cometa.
El Trueno se hunde.

O en el segundo de los libros mentados

Marzo

Contempla el Teide
el camino del bosque
hacia la vida.

Y como regalo el autor nos deja en las últimas páginas del libro algunos textos inéditos, entre los que destacar unos divertidos versos titulados “Échale hilo a la cometa”

Axioma algorítmico: Se equivocan las palabras, no el buscador.

A fin de no extenderme en demasía, dejar el tiempo al autor y su obra, pues son quienes importan esta noche, y que mi amigo Pablo no deje de invitarme a presentar libros por esta suma de páginas, tan sólo destacar de esta fantástica obra seleccionada de Sabas Martín: Estamos ante la oportunidad de descubrir, volver a disfrutar, o reconocer a un poeta capaz de escribir en conciencia y consecuencia. Confesar, reflexionar, deleitar y criticar y ahondar en sus versos sin temor ni fuegos de artificio. Podemos comprobar que el compromiso que el mismo autor nos deja fijado en la nota introductoria, aquella de “yo estoy con esos poetas que pretenden abrir sendas e inaugurar mundos; que exploran, transitan y acuden a nuevos horizontes por alcanzar” queda ampliamente cumplida y resuelta entre estas páginas con certeza genial e incluso divertimento, y que como el propio autor nos dice “ Sin embargo esa pluralidad de voces que configuran mi discurso lírico se establece en unas constantes identificables”.  Es por tanto un libro de múltiples ejecuciones, de variedad de lectura y atracción amplia, pero con un definido código poético y una clara simiente común.

domingo, 3 de agosto de 2014

La poética conquista del límite - Andrés Delgado








El pintor tinerfeño Andrés Delgado nos descubre en su nueva exposición en la galería Fortuarte.es (Cuenca) una apasionada lectura de su más reciente creación. Acostumbrados a propuestas en serie de argumentación única, la presente nos ofrece un recorrido selecto entre “Barrancos”, “Escrito sobre la piel” y “Llaves para el Horizonte”.




El poeta plástico, como quiso definirlo el escritor y periodista Sabas Martín, capta la esencia del paisaje y lo define sensorialmente entre sus composiciones de acrílico, cartón y madera. Pero no se queda en el límite del marco, A. Delgado conquista también el espacio cercano, la frontera plástica, para desbordar con sus paisajes el entorno expositivo. Del mismo modo que el paisaje no conoce de cuadraturas, el pintor descubre su canto, deliberadamente imperfecto, a la tierra y el horizonte, al vacío, al detalle y a la oscuridad que acecha en muchas de sus obras.Tampoco pretende dejarse embaucar por el plano, la fuerza de los barrancos y acantilados, como propia piel de la tierra, nos inunda el espacio anterior, y nos atrae hasta abrir el horizonte con sus llaves personales. 




Tierras, negros, madera, azules, heridas en el cartón, metales, reinventan el paisaje como un diario personal de viajes sensoriales por el imaginario del artista. Si bien las obras de grandes dimensiones hipnotizan al espectador, son a razón de quien escribe, las de pequeño formato las que enamoran y nos descubre la capacidad inmensa de este poeta del paisaje  para “esencializar”  el diálogo interior de Andrés Delgado con el espacio redefinido en la plástica.




“Conoce su oficia” insistía Sabas Martín, y es que en estos tiempos lo que debía ser común, se convierte en una excelencia poco habitual. No hay nada al azar ni casual en su obra, como bien lo demuestra su costumbre de trabajar en serie sobre una idea motor y llevarla a la extensión de sus composiciones. Valiente, sin miedo a los peligros de lo nuevo en su devenir artístico, nos ofrece el placer, a quienes llevábamos algún tiempo sin ver una exposición suya, de sorprendernos y congratularnos con su constante camino exquisito hacia el aprendizaje de nuevos códigos y lenguajes en los que sentirse, nuevamente, de aprendiz a maestro en su misma obra.