En la intervención inicial de Montse
Cano en el debate organizado por el Colectivo Tres en Suma en
colaboración con el CAUM con motivo de la exposición "15M y el Arte"
expresó una serie de ideas e inquietudes sobre las que quiero preguntarle hoy
en este espacio para ver esa realidad a los ojos de ...
Me resultó interesante tu
planteamiento sobre la mujer en la sociedad, y en el arte especialmente, donde
el hecho de ser un mundo donde debe primera la idea y el intelecto, además de
la creatividad, parece chocar de frente con la desigualdad, o lo que resulta
más difícil de entender, el silencio al que se ha obligado en la historia a las
mujeres. Expusiste una necesidad de tener "una genealogía" artística,
como la tienen los creadores hombres que aluden a
pintores/escultores/escritores que de los que han recibido influencias, y
nunca, o casi nunca, nombran mujeres. ¿Cómo
se refleja esto en la poesía? ¿Es un arte donde si han tenido más voz, o por el
contrario es de las áreas más represivas?
Creo que la lírica (sólo la lírica) ha sido
uno de los espacios literarios en los que se nos ha permitido a las mujeres
ocupar un lugar más notorio, junto tal vez con la creación epistolar del siglo
XVIII, pero, paradójicamente, es donde más se nos ha relegado a un segundo
plano, es decir, se nos ha encasillado en un espacio propio pero menor
En el imaginario de la desigualdad, la mujer
es un ser sentimental, delicado, cuya preocupación esencial es el amor y todo
el universo que lo circunda. Por eso, la poesía de tema amoroso y sentimental
no solo no nos ha estado vedada sino que ha llegado a ser el género “femenino”
por excelencia. Supuestamente, trata de lo que somos en realidad, de lo que
verdaderamente nos importa y, por tanto, no contradice nuestra naturaleza. Al revés,
refuerza esa imagen generadora de
alienación que tanto daño nos ha hecho a nosotras mismas. El asunto es tan
grave que- incluso ahora que tratamos de extender el uso de un lenguaje no
sexista- la palabra poetisa (el femenino de poeta) no se ha librado por
completo del tono despectivo que se otorgó en el pasado y aún son numerosas las
mujeres que prefieren llamarse poetas para otorgar a su actividad un respeto
que detenta el vocablo masculino.
¿La solución? Reivindicar la poesía sin
etiquetas de sexo y el sustantivo femenino para describir, sin atributo añadido
de ninguna clase, a qué sexo pertenece la persona que escribe. Una mujer que
escribe poesía es poetisa, de la misma manera que un hombre es poeta. Los temas
y la calidad de cada uno de ellos son cuestión de intereses íntimos y talento
particular.
Quizás como lado opuesto en el
péndulo se ha segregado la literatura de mujer, como lo han hecho con otras
literaturas de género, intentando así potenciar y promover las creaciones
femeninas ¿es esto una solución? ¿o es el problema impuesto desde otra óptica?
Un número considerable de escritoras, entre
las que me cuento, abogamos por una literatura sin calificativos relativos al
sexo. Hasta ahora, la LITERATURA era propia de hombres, no necesitaba
calificativos porque la única, la grande, y la escrita por mujeres un género al
que el adjetivo femenino relegaba a terreno de lo minoritario, secundario y, en
definitiva, alejado de la GRAN LITERATURA.
Pero lo cierto es
que no estamos en un mundo ideal donde prime la igualdad. Por tanto, para
alcanzar el nivel de visibilidad y reconocimiento que tiene la literatura
masculina, necesitamos hablar de nosotras, dialogar con nuestro yo alienado y
con el auténtico, crear un espacio propio desde el que erigirnos en voces
poderosas, capaces de establecer esa genealogía a que te referías en la
pregunta anterior. En fin, tenemos que hacer valer nuestra diferencia para nunca
más sirva para justificar la desigualdad.
Respecto al 15M,
creo que las mujeres podemos y debemos dotarlo de contenidos y perspectivas que
nos son propios. Es la primera vez en la historia que estamos capacitadas
legal, intelectual y socialmente como grupo para hacerlo. Hasta ahora, el
movimiento ha sido capaz de movilizar a millares de personas en la calle, de
forma continuada y pacíficamente. Eso, en sí mismo, ya es un éxito. En mi
opinión, para que el movimiento crezca y no se desgaste ha de pasar de la rebelión –decir lo que no
queremos- a la revolución –definir el tipo de mundo que queremos construir-. Es
probable que en ese proceso las mujeres tengamos mucho que decir.
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